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LxxixPorque son, niña, tus ojosverdes como el mar te quejas;verdes los tienen las náyades,verdes los tuvo Minerva,y verdes son las pupilasde las hurís del Profeta.El verde es gala y ornatodel bosque en la primavera.Entre sus siete coloresbrillante el Iris lo ostenta.Las esmeraldas son verdes,verde el color del que esperay las ondas del Océanoy el laurel de los poetas.Es tu mejilla tempranarosa de escarcha cubierta,en que el carmín de los pétalosse ve al través de las perlas.Y sin embargo,sé que te quejas,porque tus ojoscrees que la afean:pues no lo creas.Que parecen sus pupilas,húmedas, verdes e inquietas,tempranas hojas de almendroque al soplo del aire tiemblan.Es tu boca de rubíespurpúrea granada abiertaque en el estío convidaa apagar la sed con ella.Y sin embargo,sé que te quejasporque tus ojoscrees que la afean:pues no lo creas.Que parecen, si enojadatus pupilas centellean,las olas del mar que rompenen las cantábricas peñas.Es tu frente que coronacrespo el oro en ancha trenza,nevada cumbre en que el díasu postrera luz refleja.Y sin embargo,sé que te quejasporque tus ojoscrees que la afean:pues no lo creas.Que, entre las rubias pestañas,junto a las sienes, semejanbroches de esmeralda y oroque un blanco armiño sujetan.Porque son, niña, tus ojosverdes como el mar te quejas;quizás si negros o azulesse tornasen lo sintieras.

LxxixPorque son, niña, tus ojosverdes como el mar te quejas;verdes los tienen las náyades,verdes los tuvo Minerva,y verdes son las pupilasde las hurís del Profeta.El verde es gala y ornatodel bosque en la primavera.Entre sus siete coloresbrillante el Iris lo ostenta.Las esmeraldas son verdes,verde el color del que esperay las ondas del Océanoy el laurel de los poetas.Es tu mejilla tempranarosa de escarcha cubierta,en que el carmín de los pétalosse ve al través de las perlas.Y sin embargo,sé que te quejas,porque tus ojoscrees que la afean:pues no lo creas.Que parecen sus pupilas,húmedas, verdes e inquietas,tempranas hojas de almendroque al soplo del aire tiemblan.Es tu boca de rubíespurpúrea granada abiertaque en el estío convidaa apagar la sed con ella.Y sin embargo,sé que te quejasporque tus ojoscrees que la afean:pues no lo creas.Que parecen, si enojadatus pupilas centellean,las olas del mar que rompenen las cantábricas peñas.Es tu frente que coronacrespo el oro en ancha trenza,nevada cumbre en que el díasu postrera luz refleja.Y sin embargo,sé que te quejasporque tus ojoscrees que la afean:pues no lo creas.Que, entre las rubias pestañas,junto a las sienes, semejanbroches de esmeralda y oroque un blanco armiño sujetan.Porque son, niña, tus ojosverdes como el mar te quejas;quizás si negros o azulesse tornasen lo sintieras.
― Autor: Gustavo Adolfo Becquer

imagen de LxxixPorque son, niña, tus ojosverdes como el mar te quejas;verdes los tienen las náyades,verdes los tuvo Minerva,y verdes son las pupilasde las hurís del Profeta.El verde es gala y ornatodel bosque en la primavera.Entre sus siete coloresbrillante el Iris lo ostenta.Las esmeraldas son verdes,verde el color del que esperay las ondas del Océanoy el laurel de los poetas.Es tu mejilla tempranarosa de escarcha cubierta,en que el carmín de los pétalosse ve al través de las perlas.Y sin embargo,sé que te quejas,porque tus ojoscrees que la afean:pues no lo creas.Que parecen sus pupilas,húmedas, verdes e inquietas,tempranas hojas de almendroque al soplo del aire tiemblan.Es tu boca de rubíespurpúrea granada abiertaque en el estío convidaa apagar la sed con ella.Y sin embargo,sé que te quejasporque tus ojoscrees que la afean:pues no lo creas.Que parecen, si enojadatus pupilas centellean,las olas del mar que rompenen las cantábricas peñas.Es tu frente que coronacrespo el oro en ancha trenza,nevada cumbre en que el díasu postrera luz refleja.Y sin embargo,sé que te quejasporque tus ojoscrees que la afean:pues no lo creas.Que, entre las rubias pestañas,junto a las sienes, semejanbroches de esmeralda y oroque un blanco armiño sujetan.Porque son, niña, tus ojosverdes como el mar te quejas;quizás si negros o azulesse tornasen lo sintieras.

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