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El porvenir de un hijo es siempre obra de su madre.

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― Autor: Napoleón I

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La ambición jamás se detiene, ni siquiera en la cima de la grandeza.

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Si la obediencia es el resultado del instinto de las muchedumbres, el motín es el de su reflexión.

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Hay que encontrar un modo de preservar a las generaciones venideras de la avaricia o inhabilidad de las presentes.

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Nueva PresenciaVenías de tan lejos como de algún recuerdo.Nada dijiste. Nada. Me miraste a los ojos.y algo en mí, sin olvido, te fue reconociendo.Desde una azul distancia me caminó las venasuna antigua memoria de palabras y besos,y del fondo de un vago país entre la nieblaretornaron canciones oídas en el sueño.Mi corazón, temblando, te llamó por tu nombre.Tú dijiste mi nombre... Y se detuvo el tiempo.La tarde reclinaba su frente pensativaen las trémulas manos de los lirios abiertos,y a través de las nubes los pájaros errantesabrían sobre el campo la página del vuelo.Con los hombres cargados de frutos y palomasinterminablemente pasaba el mismo viento,Y en el instante claro de los bronces mi alma,llena de ángelus, era como un sitios del cielo.Una vez, antes, antes, yo te había perdido.En la noche de estrellas, o en el alma de un verso.Una vez. No sé donde... Y el amor fue tan sóloencontrarte de nuevo.

Lo imposible, en vano se pide.

Cuando, Dormida Tú...Cuando, dormida tú, me echo en tu almay escucho, con mi oídoen tu pecho desnudo,tu corazón tranquilo, me pareceque, en su latir hondo, sorprendoel secreto del centrodel mundo. Me pareceque legiones de ángeles,en caballos celestes-como cuando, en la altanoche escuchamos, sin alientoy el oído en la tierra,trotes distantes que no llegan nunca-,que legiones de ángeles,vienen por ti, de lejos-como los Reyes Magosal nacimiento eternode nuestro amor-,vienen por ti, de lejos,a traerme, en tu ensueño,el secreto del centrodel cielo.

Es curioso este juego del matrimonio. La mujer tiene siempre las mejores cartas y siempre pierde la partida.

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