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Sobre este muro frío me han dejado con la sombra ceñida a la garganta, donde oprime sus brotes de tormenta un canto vivo hasta quebrarse en ascuas.

Sobre este muro frío me han dejado con la sombra ceñida a la garganta, donde oprime sus brotes de tormenta un canto vivo hasta quebrarse en ascuas.
― Autor: Sara de Ibáñez

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Óyeme ahora: mira en tu soledad una abeja dormida, que elabora en el sueño su miel sin alegría.

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Trino Y UnoIIDespués de tantos mares donde se deshojaronen otoños de espuma los leves rostros muertosy fueron como sombras de incendiados marfilesa plegarse en el fondo de dormidos espejos,aquel sol de violetas y oro decapitadoque invadió sordamente la raíz de tu pechoy trepó hasta tus ojos con moradas espinas,y hasta tu voz con ácidos aguijones de hielo.Y aquel canto bruñido por las lluvias del polense llenó de nocturnas mariposas sin sueño,y el viento que jugaba por los altos vitralesy entre los mirtos tuvo su casa de gorjeos,resquebrajó el crestado recinto de tu audaciay fue huracán golpeando tus árboles desiertos.Mientras se despeñaban los altivos jardinesen un rescoldo amargo de melodiosos ecos,en las duras florestas las tórtolas moríanahogadas por un aire de serafines negros,y cerraban sus párpados los olorosos clavessellados para siempre por ruiseñores ciegos,a orillas de la fiesta en que el centauro abríacomo un rosario vivo su galope en tu verso,entre escorias de cisnes y escrituras del frío,sobre las tenebrosas arenas del desvelotú solo, tú en la isla, con las manos desnudas,sitiada por la noche tu garganta de fuego.

Trino Y UnoIIDespués de tantos mares donde se deshojaronen otoños de espuma los leves rostros muertosy fueron como sombras de incendiados marfilesa plegarse en el fondo de dormidos espejos,aquel sol de violetas y oro decapitadoque invadió sordamente la raíz de tu pechoy trepó hasta tus ojos con moradas espinas,y hasta tu voz con ácidos aguijones de hielo.Y aquel canto bruñido por las lluvias del polense llenó de nocturnas mariposas sin sueño,y el viento que jugaba por los altos vitralesy entre los mirtos tuvo su casa de gorjeos,resquebrajó el crestado recinto de tu audaciay fue huracán golpeando tus árboles desiertos.Mientras se despeñaban los altivos jardinesen un rescoldo amargo de melodiosos ecos,en las duras florestas las tórtolas moríanahogadas por un aire de serafines negros,y cerraban sus párpados los olorosos clavessellados para siempre por ruiseñores ciegos,a orillas de la fiesta en que el centauro abríacomo un rosario vivo su galope en tu verso,entre escorias de cisnes y escrituras del frío,sobre las tenebrosas arenas del desvelotú solo, tú en la isla, con las manos desnudas,sitiada por la noche tu garganta de fuego.

No PuedoNo puedo cerrar mis puertasni clausurar mis ventanas:he de salir al caminodonde el mundo gira y clama,he de salir al caminoa ver la muerte que pasa.He de salir a mirarcómo crece y se derramasobre el planeta encogidola desatinada razaque quiebra su fuente y luegollora la ausencia del agua.He de salir a esperarel turbión de las palabrasque sobre la tierra cruzay en flor los cantos arrasa,he de salir a escucharel fuego entre nieve y zarza.No puedo cerrar las puertasni clausurar las ventanas,el laúd en las rodillasy de esfinges rodeada,puliendo azules respuestasa sus preguntas en llamas.Mucha sangre está corriendode las heridas cerradas,mucha sangre está corriendopor el ayer y el mañana,y un gran ruido de torrenteviene a golpear en el alba.Salgo al camino y escucho,salgo a ver la luz turbada;un cruel resuello de ahogadosobre las bocas estalla,y contra el cielo impasiblese pierde en nubes de escarcha.Ni en el fondo de la nochese detiene la ola amarga,llena de niños que subencon la sonrisa cortada,ni en el fondo de la nochequeda una paloma en calma.No puedo cerrar mis puertasni clausurar mis ventanas.A mi diestra mano el sueñomueve una iracunda espaday echa rodando a mis piesuna rosa mutilada.Tengo los brazos caídosconvicta de sombra y nada;un olvidado perfumemuerde mis manos extrañas,pero no puedo cerrarlas puertas y las ventanas,y he de salir al caminoa ver la muerte que pasa.

No PuedoNo puedo cerrar mis puertasni clausurar mis ventanas:he de salir al caminodonde el mundo gira y clama,he de salir al caminoa ver la muerte que pasa.He de salir a mirarcómo crece y se derramasobre el planeta encogidola desatinada razaque quiebra su fuente y luegollora la ausencia del agua.He de salir a esperarel turbión de las palabrasque sobre la tierra cruzay en flor los cantos arrasa,he de salir a escucharel fuego entre nieve y zarza.No puedo cerrar las puertasni clausurar las ventanas,el laúd en las rodillasy de esfinges rodeada,puliendo azules respuestasa sus preguntas en llamas.Mucha sangre está corriendode las heridas cerradas,mucha sangre está corriendopor el ayer y el mañana,y un gran ruido de torrenteviene a golpear en el alba.Salgo al camino y escucho,salgo a ver la luz turbada;un cruel resuello de ahogadosobre las bocas estalla,y contra el cielo impasiblese pierde en nubes de escarcha.Ni en el fondo de la nochese detiene la ola amarga,llena de niños que subencon la sonrisa cortada,ni en el fondo de la nochequeda una paloma en calma.No puedo cerrar mis puertasni clausurar mis ventanas.A mi diestra mano el sueñomueve una iracunda espaday echa rodando a mis piesuna rosa mutilada.Tengo los brazos caídosconvicta de sombra y nada;un olvidado perfumemuerde mis manos extrañas,pero no puedo cerrarlas puertas y las ventanas,y he de salir al caminoa ver la muerte que pasa.

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