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Sobre este muro frío me han dejado con la sombra ceñida a la garganta, donde oprime sus brotes de tormenta un canto vivo hasta quebrarse en ascuas.

Sobre este muro frío me han dejado con la sombra ceñida a la garganta, donde oprime sus brotes de tormenta un canto vivo hasta quebrarse en ascuas.
― Autor: Sara de Ibáñez

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Ahora que oyes tu sangre me has oído.

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LirasVVoy a llorar sin prisa.voy a llorar hasta olvidar el llantoy lograr la sonrisasin cerrazón de espantoque traspase mis huesos y mi canto.Por el árbol inermeque un corazón de pájaro calientay sin gemido duerme,yal gran silencio enfrentasin esta altiva lengua cenicienta.Por el cordero levede la pezuña tierna y belfo rosa;por su vibrante nieveque la tiniebla acosay al final de un relámpago reposa.Por la hormiga azoradaque un bosque de cien hojas aprisiona;por su pequeña nadaque al misterio no enconay que la enorme muerte no perdona.Por la nube que alcanzalos umbrales de un lirio sin semilla.Lengua de la mudanzasin éxtasis ni orilla,que no sabe morirse de rodillas.Por la hierba y el astro.¿C6mo miden tus ojos, Dios oscuro?Por el más leve rastrode sombra contra el muro,mi llanto ha abierto su cristal maduro.

LirasVVoy a llorar sin prisa.voy a llorar hasta olvidar el llantoy lograr la sonrisasin cerrazón de espantoque traspase mis huesos y mi canto.Por el árbol inermeque un corazón de pájaro calientay sin gemido duerme,yal gran silencio enfrentasin esta altiva lengua cenicienta.Por el cordero levede la pezuña tierna y belfo rosa;por su vibrante nieveque la tiniebla acosay al final de un relámpago reposa.Por la hormiga azoradaque un bosque de cien hojas aprisiona;por su pequeña nadaque al misterio no enconay que la enorme muerte no perdona.Por la nube que alcanzalos umbrales de un lirio sin semilla.Lengua de la mudanzasin éxtasis ni orilla,que no sabe morirse de rodillas.Por la hierba y el astro.¿C6mo miden tus ojos, Dios oscuro?Por el más leve rastrode sombra contra el muro,mi llanto ha abierto su cristal maduro.

Pasión Y Muerte de La LuzVIIIMi entraña mereció, panal mestizo,la incorruptible ley de tu voluta.En cada nervio de clavel o frutaun embozado arroyo de granizo.La abeja por mi sangre se deshizo.Vi las raíces de tu isla enjuta,y el atisbo tenaz de la cicutamezcló a tu piel su aroma fronterizo.Tiendo la mano para recogerlay el lento cáliz de una llaga fríaestanca el iris de tu simple perla.Me ciño a su enlutada melodíaquemándome sin fin por retenerlaen el doble rumor de mi agonía.XEl verano se agota en el racimo.Ni avena, ni cigarra, ni amapola.Ni el alga haciendo venas en la ola,ni las tímidas ranas en el limo.Ni la corteza que hasta el llanto oprimoentre la tierna muchedumbre, sola,hecha de sangre y labios la aureoladonde me corroboro y me lastimo.Ni la centella que la liebre rubiamueve entre los primores del rocío,ni la humilde fragancia de la alubia.Ni el caballo de sal que adiestra el río;ni la múltiple espada de la lluvia,dirán tu arisca huella, idioma frío.

Pasión Y Muerte de La LuzVIIIMi entraña mereció, panal mestizo,la incorruptible ley de tu voluta.En cada nervio de clavel o frutaun embozado arroyo de granizo.La abeja por mi sangre se deshizo.Vi las raíces de tu isla enjuta,y el atisbo tenaz de la cicutamezcló a tu piel su aroma fronterizo.Tiendo la mano para recogerlay el lento cáliz de una llaga fríaestanca el iris de tu simple perla.Me ciño a su enlutada melodíaquemándome sin fin por retenerlaen el doble rumor de mi agonía.XEl verano se agota en el racimo.Ni avena, ni cigarra, ni amapola.Ni el alga haciendo venas en la ola,ni las tímidas ranas en el limo.Ni la corteza que hasta el llanto oprimoentre la tierna muchedumbre, sola,hecha de sangre y labios la aureoladonde me corroboro y me lastimo.Ni la centella que la liebre rubiamueve entre los primores del rocío,ni la humilde fragancia de la alubia.Ni el caballo de sal que adiestra el río;ni la múltiple espada de la lluvia,dirán tu arisca huella, idioma frío.

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