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TalaLlévese estos ojos, piedritas de colores,esta nariz de tótem, estos labios que sabentodas la tablas de multiplicary las poesías más selectas.Le doy la cara entera, con la lengua y el pelo,me quito las uñas y dientes y le completo el peso.No sirve esa manera de sentir.Qué ojos ni qué dedos.Ni esa comida recalentada, la memoria,ni la atención, como una cotorrita perniciosa.Tome las inducciones y las perchasdonde cuelgan las palabras lavadas y planchadas.Arree con la casa, fuera de todo,déjeme como un hueco, o una estaca.Tal vez entonces, cuando no me valgala generosidad de Dios, eso boy scout,y esté igual que la alfombra que ha aguantadosu lenta lluvia de zapatos ochenta añosy es urdimbre no más, claro esqueleto dondese borraron los ricos pavorreales de plata,puede ser que sin vos diga tu nombre ciertopuede ocurrir que alcance sin manos tu cintura.

TalaLlévese estos ojos, piedritas de colores,esta nariz de tótem, estos labios que sabentodas la tablas de multiplicary las poesías más selectas.Le doy la cara entera, con la lengua y el pelo,me quito las uñas y dientes y le completo el peso.No sirve esa manera de sentir.Qué ojos ni qué dedos.Ni esa comida recalentada, la memoria,ni la atención, como una cotorrita perniciosa.Tome las inducciones y las perchasdonde cuelgan las palabras lavadas y planchadas.Arree con la casa, fuera de todo,déjeme como un hueco, o una estaca.Tal vez entonces, cuando no me valgala generosidad de Dios, eso boy scout,y esté igual que la alfombra que ha aguantadosu lenta lluvia de zapatos ochenta añosy es urdimbre no más, claro esqueleto dondese borraron los ricos pavorreales de plata,puede ser que sin vos diga tu nombre ciertopuede ocurrir que alcance sin manos tu cintura.
― Autor: Julio Cortázar

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