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Aunque somos nuestro propio tiempo, a veces somos el tiempo de otros y otros son nuestro tiempo, a veces sin quererlo, a veces queriendo, a veces durmiendo, a veces despiertos.

Aunque somos nuestro propio tiempo, a veces somos el tiempo de otros y otros son nuestro tiempo, a veces sin quererlo, a veces queriendo, a veces durmiendo, a veces despiertos.
― Autor: Doménico Cieri Estrada

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Romance de Los Vanos EncuentrosNo preguntes quién pone en este cantoun alma destinada al sufrimientoy un pobre corazón que te ama tanto.IBronces de las ocho y medianos llaman cada mañana-entre tu casa y mi casa-de dos cornisas y un breve saludos de camaradas.¡Estás tan bella, vestidade crujiente espuma blancabaje ese sol de las ochoque te ciñe y que te alaba!Sus amarillas saetasbordan en tu pelo el auraque me recuerda las levesimágenes de las santas.(Pienso que rezarte a tital vez me salvará el alma...)IILas campanas matinalesponen música en la sendapor donde a tu escuela vas,por donde voy a mi escuela.Tontamente, tontamenteme vuelve la vieja ideacada vez que nos cruzamosen nuestras rutas opuestas:pienso en el ayer que atabacon una risa dos sendas,cuando jamás nos cruzábamostú y yo en camino a la escuela.Con una misma campana,con una misma existencia,y por una misma callecon sol de las ocho y media...Para nosotros, entonces,había una sola escuela.IIILa señorita maestrapasa vestida de blanco ;en su oscuro pelo duermela noche aún, perfumado,y en lo hondo de sus pupilasyacen dormidos los astros.Buenos días señoritadel caminar apurado;cuando su voz me sonríeolvido todos los pájaros,cuando sus ojos me cantanse torna el día más claro,y subo la escalinataun poco como volando,y a veces digo lecciones.

La buena suerte no es casual, es producto del trabajo; así la sonrisa de la fortuna tiene que ganarse a pulso.

Prohibirnos algo es despertarnos el deseo

Toda superioridad fisica es perecedera, porque está fisiológicamente condenada a agotarse, mientras que la inteligencia se renueva una y otra vez por sí misma. Y por eso al fin ha de imponerse a la violencia, aunque sólo sea por medio de la palabra, nacida inmortal de su seno.

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